Fibromialgia

La fibromialgia es un trastorno de dolor central que se define como un proceso reumático crónico que se caracteriza por dolor músculoesquelético generalizado y fatiga. Las personas con fibromialgia tienen puntos hipersensibles en el cuerpo, que son denominados puntos dolorosos a la presión. Estos se encuentran en áreas como los brazos, las piernas, el cuello, los hombros, la espalda y las caderas.

La prevalencia de este dolor crónico en la población general se estima en un 10-15%, existiendo una mayor proporción de esta afectación en mujeres. La edad suele estar comprendida entre los 20 y los 40 años aunque también puede manifestarse en niños y ancianos.

Las personas que padecen fibromialgia pueden también tener otros síntomas. Entre ellos se encuentran dolores de cabeza, fatiga, alteraciones en el sueño, menstruación dolorosa, sensación de hormigueo o adormecimiento en las manos y los pies, trastornos digestivos, rigidez y desequilibrios. También pueden aparecer alteraciones cognitivas como enlentecimiento, dificultad para concentrarse, problemas de memoria y dificultades para recordar palabras. Estos síntomas pueden ocasionar importantes consecuencias en el estado de salud y la calidad de vida de las personas que la padecen.

El dolor que produce la fibromialgia es frecuente en los músculos pero no en las articulaciones. Este dolor y rigidez que ocasiona puede manifestarse en todas las partes del cuerpo o puede estar limitado a ciertos puntos. El curso natural de este trastorno es crónico, existiendo fluctuaciones en la intensidad de los síntomas a lo largo del tiempo.

Actualmente no se conocen las causas de la fibromialgia, pero sí ciertos factores que pueden estar relacionados como son los acontecimientos estresantes o traumáticos, infecciones, lesiones recurrentes, malestares o dolencias, o ciertas enfermedades como artritis reumatoide, esclerosis múltiple, lupus o hipotiroidismo. También se ha hablado de posibles causas de origen genético.

Por todo ello, el diagnóstico de esta enfermedad habitualmente está basado en la clínica que presenta el paciente ante la falta de pruebas objetivas que lo valoren.

Al no conocerse con exactitud las causas, el tratamiento clásico de la fibromialgia está centrado en los síntomas, este consiste en la prescripción de ciertos fármacos dirigidos a disminuir el dolor y mejorar el sueño, la realización de programas de actividades y ejercicios saludables, así como de técnicas de relajación para aliviar la tensión muscular y la ansiedad. A estos tratamientos se les unen técnicas novedosas, como la estimulación mediante un dispositivo de estimulación eléctrica transcraneal (tDCS), que a través de leves corrientes eléctricas en determinadas áreas cerebrales producen una disminución significativa de los niveles de dolor en las personas que padecen este trastorno.