Ictus

Las enfermedades cerebro vasculares (ECVs) son trastornos en los que un área del encéfalo resulta afectada, causando reducción en la aportación de sangre, oxígeno y glucosa que interfieren en el metabolismo cerebral y producen frecuentes alteraciones neuropsicológicas y de personalidad. Los ECVs constituyen la patología neurológica más frecuente.

Los trastornos vasculares pueden ser crónicos (ECV) o agudos, estos últimos se denominan  Accidentes Cerebro Vasculares (ACV). Los ACV también se denominan Ictus. Los ICTUS son episodios de instauración súbita, aguda o subaguda, en los que, a causa de una lesión primaria o secundaria localizable en cualquier punto del sistema cardiovascular, se produce un déficit neurológico permanente o transitorio en relación con la zona afectada.

Dependiendo de la zona que se vea afectada, se verán comprometidas unas funciones u otras. Los trastornos provocados por un Ictus pueden ir desde las afectaciones motoras (p.e. no poder mover un brazo),  hasta las afectaciones con mayor componente cognitivo. La gravedad de la lesión va a depender también del tamaño del área afectada y si esa función puede ser compensada por otras áreas. Generalmente cuando se produce un ACV en el hemisferio derecho se ve afectado el hemicuerpo izquierdo y viceversa.

La zona de mayor riesgo a la hora de padecer un ACV es el tronco encefálico. Esta zona cerebral posee funciones tan vitales como el control de la respiración o la frecuencia cardíaca.

Los Ictus pueden ser isquémicos o hemorrágicos. La isquemia se produce por disminución del flujo sanguíneo y supone el 85% del total de los trastornos vasculares. Sin embargo, las hemorragias se producen por una ruptura en un vaso sanguíneo cerebral y constituyen el 15% restante. Dentro de este último grupo, encontramos las hemorragias, aneurismas y angiomas.

Los síntomas de un Ictus son los siguientes y es importante conocerlos para identificarlos con la mayor brevedad y acudir a servicios de urgencias;

    • Pérdida de fuerza de la cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo, de inicio brusco.
    • Trastornos de la sensibilidad, sensación de «acorchamiento u hormigueo » de la cara, brazo y/o pierna de un lado del cuerpo, de inicio brusco.
    • Pérdida súbita de visión, parcial o total, en uno o ambos ojos.
    • Alteración repentina del habla, dificultad para expresarse, nos cuesta articular y ser entendido por quien nos escucha.
    • Dolor de cabeza de inicio súbito, de intensidad inhabitual y sin causa aparente.
    • Sensación de vértigo intenso, inestabilidad, desequilibrio o caídas bruscas inexplicadas, si se acompañan de cualquiera de los síntomas descritos con anterioridad.

  Las semanas posteriores al ACV son muy importantes, ya que es en ese momento cuando el cerebro está más plástico y la rehabilitación puede ser más efectiva. Por ello se recomienda comenzar las terapias de rehabilitación y estimulación lo antes posible tras haber tenido el Ictus.